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Sentado en el parque nacido de forma natural entre vecinos, donde estuvo la casa y tienda de Dominguita y otros y por último el cine de Pedro Manrubia Cerezuelo.


Al mirar a Casa Ayala, mis ojos parecen que se cierran filtrando la fila de cañaverales que con hojas finas en filo de cuchillo, tapan parte del cielo y el mar, siguen tanto a un lado como al otro la fila de tarahales con sus troncos  y gajos entrecruzados mientras sus flecos finos cuelgan como barbas balanceándose al compás de los aires, están sostenidas por una maya metálica cuadriculada que protegen la finca conocida por la del Inglés.


Mi visión queda como plácida entre la vaguada del Valle de Tenoya, mientras Casa Ayala se asienta  en una franja o meseta, La Ladera Alta se asoma en lo alto con casas algunas dispersas uniéndose otras en grupos.

Desde este sillón deteriorado me supongo con historia y uso familiar, observo en mi alrededor gallinas, gallos, quíqueres que salpicados picotean por mi alrededor, el resto en su hábitat o finca cantan de buenas a primera la puesta de huevos cacareando la alegría y el contento, siguiendo las llamadas a destiempo de unos con los otros.

Una jauría de pájaros en bandadas de diferentes especies llegan sus cantos cercanos sin descubrir su guarida natural. En el pasar cotidiano veo venir en pareja a Aurora la de Dionisio y Angelita la de Miguel y Magdalena, tras de ellas un gato fuerte y amarillo, al llegar al parque una coge el camino de Gáldar y otra el camino La Bella Sombra, al paso sube y pasa un perro negro muy tranquilo que bordea la zona, al poco llega Ángel el hijo de Felipe el de Saba con un perro al que le llama Sasi, abrigado con un fajín de coloridos que al ver al perro negro se acercan y se hacen amigos, nada mas saludarme, le llaman y se va de regreso, en ese momento casi le sigo los pasos cuando observo las dos araucarias  de Don Nicolás que desde aquí parece una, la otra queda escondida que elegantemente resaltan sobrepasando la montaña de Los Giles en línea con el grupo de casas color teja de Ladera Alta, también resaltan tres esbeltas palmeras de los jardines de las casas de debajo, sin dejar atrás parte de la plaza, la espadaña de la Ermita y la trasera de las casas de la Plaza.

 

Vuelvo a mirar parte de Tinocas, Casa Ayala, la Adelfa y el Espigón, filtrados entre los huevos visibles de las cañas y tarahales como si tuviera mis ojos lagrimados, recorriendo mi vista en un ángulo que va desde lo alto de Tinocas (Montaña Blanca y Pico Negro) siguiendo las cueveras hasta llegar al Portichuelo, desde aquí bajo como surcando mi mirada que sigue la raya roja, amarilla, blancuzca y parda de tierras que taparon y sepultaron el vertedero, asomando parte de las casas de la Dehesa de Cardones y en su baja depresión el Lomo Grande donde destaca un torreón  como un mojón gigante, divisando asomada a su balcón la Montaña de Arucas, también veo la casa de Pepe hijo de Pedro Falcón y Emilianita, de color amarilla azocada a su espalda con plantaciones de plataneras. Mi espalda y trasera de esta orientada silla quedan parte del núcleo del Moñigal (conocido por San José ó Lomito Ciego) también he escuchado Pasaje la Bella Sombra) tratándose de la vía, hasta llegar a la trasera de la Iglesia.

 

Me vienen los recuerdos de ver sentados a Cristóbal con su perro, su hermano Dionisio, Miguel el del Barranco, éstos ya fallecidos, antes venía de visita Vicente hermano de Cristóbal y Dionisio, hoy vemos a Chano, Tonono, Juan el de los caballos, Eusebio el del Almatriche, Chicho, Fernando Montesdeoca, Carmelo Guerra de vez en cuando, Benito el de José el Monguis  y frente bajo cañas y tarahales había un banco artesanal y donde se sentaban también las mujeres, como Carmensa, Aurora, Jacinta, Saro la de Martín, las hermanas de Domingo el de Barranco y Angelita la de Magdalena cuando venía de paso.

Al levantarme me doy cuenta que el gato estaba echado en el mejor sillón, le miré, me miraba, con sus ojos semicerrados lamiéndose, notando mi confianza.

En este parque solitario

en media mañana, mi presencia

espero el calor humano

que me acompañe

 

Son dueños y señores

de su paraíso natural

que le sirven de lecho, de refugio

en los remansos del tiempo

 

Bajo matos

especies, mimosas, follao, laurel

tuneras perfuman la vida de mi gente

 

Tino Torón

26 de noviembre de 2010

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Comentarios   

0 #1 FRANCISCO 30-11-2010 10:05
COMO SIEMPRE AMIGO TINO UN RELATO EXQUISITO UNA MIRADA ROMANTICA DE NUESTRO PUEBLO, CADA VEZ QUE TE LEO VEO CON OTROS OJOS LAS DISTINTAS ZONAS DE MI PUEBLO.
LA VERDAD QUE CADA UNO DE TUS RELATOS PROVOCAN EN MI UNA SENSACIÓN DE CONTRADICIONES YO VEO EL DETERIORO Y EL ABANDONO DE ESOS LUGARES Y TU SIN EMBARGO SABES SACARLE ESA BELLEZA ESCONDIDA Y DARLE ESE PUNTO NOSTALGIOCO DE TIEMPOS MEJORES. GRACIAS.
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