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Una vez perdidas las posesiones españolas de ultramar, Filipinas y Cuba, la frontera española fuera del territorio Peninsular y Baleares, pasaba por el archipiélago Canario y eso ocasionaba el que todas las miradas del Gobierno de España se empezaran a fijar en estas islas que de una forma o de otra podían ser un objetivo apetecible, no sólo para EE.UU. quien llegó a insinuar su intención de invadirlas, o por Francia a quien en su momento se atribuyó una posibilidad de compra,  sino que también podía ser apetecibles para Inglaterra, una potencia europea que durante aquellos años de finales del siglo XIX tenía muchos intereses comerciales y como no estratégicos en estas islas.

Imagen del Puerto de la Luz en 1.905; Archivo fotográfico de la FEDAC

La mayor parte de las exportaciones e importaciones realizadas tras la crisis de la cochinilla, básicamente  eran realizadas por empresas anglosajonas.

El surgimiento y posterior rápido crecimiento del Puerto de la Luz hizo que muchas empresas inglesas se establecieran en la isla y montaran un atraque privado en el Puerto de la Luz, a donde traían  carbón sobretodo en el viaje de ida y se llevaban productos agrícolas en el viaje de vuelta (tomates y plátanos que eran los cultivos que habían sustituido al recién desaparecido cultivo de la cochinilla).

En la zona portuaria cada empresa tenía sus propias instalaciones con lo que para algunos esa utilización privada de nuestras instalaciones era un tema delicado ya que en cualquier momento se podía enarbolar en esas instalaciones la bandera Consular ya que no se podía estar totalmente seguro de las intenciones de los propietarios de los atraques y además no se podía estar totalmente seguro de que las mercancías que traían eran  las que se declaraban.

Se llegó incluso a  insinuar que entre la mercancía traídas para comercializar aquí,  se podía traer y distribuir armas y municiones.

Batería de San Fernando con su cañón Ordóñez  de 240mm; La Isleta, 1905; Archivo fotográfico de la FEDAC

 

Por lo expuesto y con la reciente y traumática experiencia de Cuba y Filipinas, lo cierto es que a finales de 1.898, el Gobierno español, decide enviar al General de División de Ingenieros don Leandro Delgado y Fernández (Santa Cruz de Mudela; Salamanca, 13 de marzo de 1833 – Guadalajara, 11 de julio de 1901) y a varios jefes y oficiales para que ampliaran la Memoria que un par de años antes había redactado el General de Ingenieros don Rafael Cerezo con motivo de organizar una mejor defensa de las islas.

 

La idea que traían los militares, básicamente consistía en que haciendo una inspección del archipiélago  se redactara un informe que sirviera de base para conseguir la defensa integral de las islas.

El grupo de militares enviados a Canarias, se denominó “Comisión de Estudios de la Defensa de las Islas Canarias”, nombre que también recibió la memoria redactada.

De la lectura del informe conservado en el Museo Militar Regional de Canarias, se desprende que además de incrementar en número de efectivos humanos era necesario, para la defensa de las islas según los militares, enviar más agentes de la Guardia Civil, así como dotar a las islas de un número mayor de efectivos militares en caso de guerra que deberían venir desde la Península, además de  incrementar el número de las instalaciones defensivas, en concreto se propuso incrementar las baterías de costa que defendían el Puerto de la Luz, y además hacer en cada isla un núcleo  de resistencia inatacable desde el mar.

En Gran Canaria se pensó hacerlo en la “parte media del gran barranco de Guiniguada” según se lee en la memoria redactada al efecto.

Hasta 1897, las baterías que existían en la isla eran catorce, pero el Puerto que se había desarrollado con gran rapidez, no disponía de una defensa adecuada y había zonas costeras totalmente desguarnecidas.

Batería de San Juan con su Obús Ordóñez de 210mm; 1905; Archivo fotográfico de la FEDAC Volteada 180ª

Es a partir de 1.897 y motivados  por las amenazas de invasión que tienen las islas a finales del XIX, por lo que se construyen las siguientes  baterías:

La Batería de Las Lomas Coloradas, la Batería del Confital, la Batería del Faro, la Batería del Roque Ceniciento, la Batería de Santa Isabel, la Batería de San Juan, la Batería de Guanarteme, la Batería de Arenales (también conocida como Batería de Cuatro Cañones), la Batería Mar Fea, La Batería de Jinámar, la Batería de los Giles y la Batería de la Esfinge.

Con el paso de los años, y motivados por la II Guerra Mundial, la isla de Gran Canaria incrementa sus defensas con las baterías de:

Arinaga, Punta Camello, las Mesas de San Juan, Batería de Melenara, se reubica la del Vigía y por último se construye la Batería de Gando.

Después de este somero repaso a la situación de la defensa militar de Gran Canaria a comienzos del siglo XX, vamos a centrarnos en la Batería de los Giles que es la más cercana a nosotros.

Los terrenos que se deciden utilizar para la construcción de la batería de los Giles son  los que corresponden al solar aledaño al que en la actualidad ocupa la Plaza, la iglesia y el local de la Asociación de Vecinos de los Giles, a una cota de 280 metros sobre el nivel del mar y con la posibilidad de defender la antigua Carretera del Norte, dichos terrenos eran propiedad de doña Ana Ponce de León y García y de don Tomás Bravo de Laguna y Falcón , ella hermana del que fuera alcalde de San Lorenzo en varios periodos de comienzos del siglo XX, don Juan Bautista Ponce de León y García, quien vivió en la finca de los Sifones en la zona de la rotonda de Tenoya, en donde actualmente se localizan los restos de su vivienda.

Los terrenos se les expropian a doña Ana y a su marido don Tomás en 1.904 y el 18 de enero de 1905, según aparece en la prensa, la batería ya estaba terminada y se entregaba a la Comandancia de Ingenieros y por supuesto esta la entregaba al Parque de Artillería.

Aunque se había proyectado una batería para cuatro piezas de artillería, lo cierto es que sólo llegaron a construirse dos emplazamientos sin locales ni almacenes, imaginamos que esto debió ser así debido a la premura para terminar y entregar las instalaciones.

Los propietarios de los terrenos, desde un principio tuvieron problemas por la tasación que se hizo de los mismos y ello ocasionó que tanto doña Ana como don Tomás así como sus hijos una vez fallecieron los progenitores (doña Ana falleció el 24 de julio de 1.911) reclamaran por los terrenos un importe mayor al que el Ministerio pretendía abonar por los mismos.

Como dato curioso, podemos decir que la tasación particular que entregó la familia al  Gobierno Militar de Las Palmas, que había sido realizada por don José Bosh, había valorado los terrenos en 248.274’59 ptas. (Debían ser unos 200.000 metros cuadrado, ya que se tasaron a 1.30 pesetas el metro cuadrado), pero había que tener en cuenta que en junio de 1.910 como no se conocía a los propietarios de unas parcelas que habían sido expropiadas para la realización del camino a la Batería, el maestro de Obras de la comandancia de Ingenieros de Las Palmas en aquellos años, don Francisco Román, valora el metro cuadrado de camino en 0.15 pesetas más el cuatro por ciento de interés durante los cinco años transcurridos desde la expropiación, e incluso un perito militar que no estaba de acuerdo con esas tasaciones llegó  a realizar una tercera que valora el terreno en 0.13 pesetas el metro cuadrado, cosa que no agradó en absoluto a los propietarios, de ahí que hubieran litigios durante años.

En 1.913 finalmente se acuerda realizar el pago de los terrenos, a razón de una peseta por metro cuadrado pero recayendo sobre el total un 4 por ciento de interés compuesto de recargo contando a partir del julio de 1.904. Además se tasó el camino de acceso a la instalación militar en 60 ptas. con 32 ctms. las cuales también se debían abonar.

Pero a pesar de esto, el 5 de marzo de 1.914 aparece en la prensa que con esa resolución, no estaba de acuerdo don León Ponce de León y Bravo de Laguna (hijo de los propietarios) quien había presentado un recurso  de alzada que se había desestimado.

Finalmente se hace efectivo el pago  de la expropiación el día 10 de enero de 1.918 a los herederos de doña Ana y don Tomás en la persona de don Saturnino Ponce de León y Bravo de Laguna  a las trece horas en los locales del Ayuntamiento de San Lorenzo, aunque no tenemos muy claro el importe pagado.

Lo más significativo de todo esto es que la Batería de los Giles, nunca llegó a artillarse;  nunca tuvo armamento, y debido a ello con los años, se fueron arruinando  las instalaciones, quedando los muros de mampostería como únicos y mudos testigos de lo que intentó ser un reducto defensivo del Puerto de la Luz.

En marzo de 1.978, el Ministerio de Defensa, propone la venta a través de pública subasta por tres millones quinientas mil pesetas de los terrenos que ocupaba la citada batería, y más tarde al declararse desierta la subasta de 1.978, en junio de 1.980 los terrenos vuelven a salir de nuevo a subasta por dos millones quinientas mil pesetas y esta vez son adquiridos por don Santiago Hernández Betancor por un importe de dos millones doscientas mil pesetas.

Imagen aérea de 1.966, en donde se puede apreciar la distribución original de la batería; http://visor.grafcan.es

Imagen aérea de la Batería de los Giles de 2.012, en donde se aprecia que ya está practicamente sepultada por escombros; http://visor.grafcan.es

En la actualidad, las estructuras conservadas, aparentemente están en dos parcelas diferentes ya que parte de las mismas se encuentran dentro de un terreno rodeado de una valla metálica que impide el acceso a las mismas, fuera de la valla también podemos ver parte de las mismas, pero muy mal conservadas.

L. Lezcano Galindo. Mayo -14

DIFERENTES IMÁGENES DE LA BATERIA EN LA ACTUALIDAD

En esta imagen se puede apreciar una panorámica parcial de la zona de cobertura de la Batería. Foto; archivo  del autor; 2013

Panorámica del estado de  abandono  y posterior reutilización de los restos de la estructura de la Batería. Foto; archivo  del autor; 2013

Aquí se puede apreciar parte de la valla metálica que delimita parte de la estructura de la Batería. Foto; archivo  del autor; 2013

Panorámica del estado de  abandono  de los restos de la estructura de la Batería que están fuera del espacio vallado. Foto; archivo  del autor; 2013

Panorámica del estado de los restos de la estructura de la Batería. Foto; archivo  del autor; 2013

Panorámica del estado de  los restos de la estructura de la Batería. Foto; archivo  del autor; 2013

Panorámica del estado de  los restos de la estructura de la Batería. Foto; archivo  del autor; 2013

Panorámica del estado de  abandono  de la estructura de la Batería. Foto; archivo  del autor; 2013

BIBLIOGRAFIA Y HEMEROTECA

  • Estudios Canarios. Anuario del Instituto de Estudios Canarios; Número 43 (1998); La defensa de las islas Canarias ante la crisis del 98; Tous Meliá, Juan.
  • El proyecto de artillado en Gran Canaria en junio de 1.936; Díaz Benítez, Juan José.
  • Noticias históricas de la artillería en Gran Canaria; Rodríguez Baltllori, Antonio.
  • Jurisprudencia administrativa; Colección completa de las resoluciones dictadas por el tribunal supremo (Sala de lo contencioso administrativo) desde su instalación en 1.846 hasta el día, y las decisiones recaídas a consulta del Consejo del Estado sobre competencias y conflictos de jurisdicción… Volumen 93; Editorial Reus; 1.922.
  • El Puerto de la Luz en Gran Canaria; Tipografía del “Diario”; 1.909.
  • Los Alcaldes del Municipio de San Lorenzo de Tamaraceite; Pueblos, pagos, barrios y otros aspectos; Santana Domínguez, Juan Francisco.
  • Diario de las Palmas; 18/05/1.905.
  • Boletín Oficial de Canarias; 06/06/1910.
  • Diario de Las Palmas; 24/05/1.911
  • La Provincia; 05/03/1.914.
  • Boletín Oficial de Canarias; 04/01/1918.
  • Gaceta de Tenerife; 09/01/1.918.
  • El Eco de Canarias; 02/03/1.978.
  • El Eco de Canarias; 18/06/1.980.
  • La Provincia, 20/06/1.997.

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