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En estos últimos días ha salido a la palestra la problemática que se vive en Tenoya a raíz de los trabajos que se efectúan en la IV Fase de la Circunvalación  con el probable cierre del túnel de Tenoya. Por su parte la Consejería de Obras Públicas del Gobierno de Canarias informa que no está previsto cerrarlo, pero no descarta cortes temporales.

A pesar del rosario de afectados, el que estas obras se realicen para mejorar el tráfico rodado en la zona era aceptado por la mayoría de conductores, pero por supuesto nadie mencionó el impacto medioambiental – y ni hablamos del paisajístico – además de los daños irreparables ocasionados a bienes de carácter etnográfico de nuestro pueblo y alrededores. Tenoya ha sufrido y seguirá sufriendo la construcción de dos viaductos, además de la construcción de la consabida nueva vía. Para más inri se han rellenado y estrechado los cauces de los barrancos que nos hace plantearnos a algunos, cuando se cumpla la predicción de los especialistas de que Canarias tendrá que ir acostumbrándose a los temporales por que se harán frecuentes, por donde pasará semejante caudal. Por eso, cada vez que nos hablan de la más mínima obra que se vaya a realizar en la zona, muchos nos tememos lo peor puesto que cualquier intervención supone dar rienda suelta a la masacre.

 La próxima víctima, con toda probabilidad, será el antiguo túnel de Tenoya. Emblema característico de nuestro pueblo desde su construcción por Juan de León y Castillo seguramente se resquebrajará ante el paso de excavadoras y perforadoras que llevarán a cabo los trabajos para el nuevo túnel a escasos diez metros. Hecho de menos en este aspecto, que la Consejería de Patrimonio del Cabildo se preocupe por conocer las medidas que se hayan llevado a cabo para su protección ante los trabajos.

Por si esto fuera poco, el Gobierno de Canarias, con su acostumbrada sensibilidad, pretende que las personas que viven y pasan por Tenoya para desplazarse por carretera demos un rodeo de 24 kilómetros. Aislados, como a ratas, se pretende dejar a miles de personas que paguen así su lejanía de la capital, puesto que también se rechaza la alternativa propuesta por los vecinos de esperar para iniciar los trabajos del nuevo túnel a conectar la carretera general con Las Mesas a través del nuevo puente. Las opciones que se ofrecen serían las de ir por Cardones o tomar el atajo que conecta a Casa Ayala, que no están en condiciones para soportar tanto tráfico. Supongo, y permítanme el sarcasmo, que D. Paulino no tendrá por ahí escondida una flota de helicópteros que nos pueda dejar.

En definitiva, mi pueblo a una distancia aproximada de unos 12 kilómetros de la capital grancanaria, ve como en aras del progreso se marchita. Nadie podrá decir que no se ha sacrificado holgadamente en aras del bien común, pero el que se pueda cortar el paso del túnel, sin poner alternativas sobre la mesa, ya ha sido la gota que ha colmado el vaso. El Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, como siempre en Belén con los pastores ha dicho que desconocía la problemática que había con las obras (no será por falta de quejas en la Concejalía de Distrito), y que se reunirá con los responsables del Gobierno de Canarias para dar con una solución. Sin embargo a mi modo de ver esa mesa quedaría coja sin representación por parte del Cabildo, puesto que la carretera que se cortaría es de su competencia y digo yo que tendrían que pedir permiso o al menos tenerles al corriente de lo que se va a hacer. Y también debería contarse con alguien de Global puesto que los que usamos el único transporte público que pasa por la zona, necesitamos saber como se seguirá dando el servicio en caso de darse los cortes temporales. En caso de peligrar la seguridad de los ciudadanos, estamos de acuerdo en que deben producirse los cortes, pero en lo que discrepo es que la única solución plausible sea la de dar tremendo rodeo de ¡24 Kilómetros!.

Deseamos recuperar nuestra tranquilidad, que desde hace unos años se ha visto perturbada por el incremento del tráfico rodado, y que la antigua vía con su antiguo túnel siga dando su servicio para los vecinos o quienes viven en las cercanías. No faltan voces que dicen que debemos progresar, a lo cual yo contesto: ¿progresar hacia dónde, hacia el cemento? La verdadera realidad es que en el siglo XXI, los numerosos avances tecnológicos podrían facilitar mucho la vida de los ciudadanos que viven en localidades lejanas de las grandes urbes, pero que no se realizan por que no son rentables a corto plazo.

Finalmente, ante la manifestaciones de los vecinos y vecinas de Tenoya que algunos intentan ya tildar de desmedidas he de decir que las apoyo. Estamos hartos de que todo lo que no se quiere en Las Palmas de Gran Canaria se derive a los distritos de Tenoya – Tamaraceite – San Lorenzo y Ciudad Alta, es decir al Municipio de San Lorenzo, con un mínimo –por no decir nulo- beneficio para quienes vivimos aquí. Tal vez si nos manifestáramos más, y le diéramos más leña al zapato, habría menos atropellos a nuestros derechos como ciudadanos por parte de las administraciones públicas.
 
Jennifer Guerra Hernández

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